El último Octavazo

3 años pasaron de esa locura. 

3 años.

Y algo en mí también llega a su fin. No voy a negar que sin ser parte, sin haber vivido esos momentos y transitado esos espacio por 8 años, se me cayeron un par de lágrimas. Varias para ser sincero, ahora mismo mis ojos se vuelven a poner vidriosos mientras suena la música en mis oídos con un estribillo que no para de decir “Come back, come back, come back…” (Regresa, regresa, regresa…)  y todo parece una especie de presagio, porque Volver, “regresar” es parte de un proceso al que recurrimos cada vez que hurgamos en nuestra memoria y allí nos encuentran sonidos, olores, imágenes… y la única manera es tratar de atesorar la mayor cantidad de ellos cuando sabemos que es lo único, lo último que nos queda.

Ésta es parte de la Historia del Ultimo Octavazo. No es un Octavazo más, es el último. El final de una tradición. El cierre de una puerta que era única en su especie y que sin pretenderlo, te colocaba en una categoría de la cual sentirse orgulloso. Hasta yo me sentí orgulloso aquel 2015. Hoy me toca de nuevo sentirme así en esta Promoción 2018.

Ser parte del Belgrano, ese Colegio Universitario icónico de la ciudad de Córdoba no es poca cosa. Haber sido la última promoción de 8vo. es aún mucho más, y tuve – junto con otros queridos colegas – el orgullo de haber sido testigo de algo de ese espíritu que revolotea por los pasillos, por las rampas, por esas columnas enormes con paredes pintadas a mano, con carteles desprolijos que parecen de protesta que llenan los espacios de palabras de amor, de certezas que son inciertas a una edad en la que se cree y piensa saber absolutamente todo y que las lágrimas que caen son justamente por los miedos de enfrentarse a lo que no se sabe: el afuera. El mundo fuera de las paredes de un Colegio que los recibió siendo unos niños y los despide siendo hombres y mujeres, “persones” sin distinciones…

Come back… justo aquí, ahora… y se me viene una estrofa de Pinocho, ese niño soñador que creo oportuna en muchos sentidos:

“Pinocho trabajó hasta medianoche. Y en vez de hacer ocho canastas hizo dieciséis. Luego se fue a la cama y se durmió. En sus sueños vio un hada, hermosa y sonriente que le dio un beso diciendo: Valiente Pinocho por tu buen corazón te perdono todas tus travesuras del pasado. Pórtate bien en el futuro y serás feliz. El sueño terminó y Pinocho se despertó, asombrado.

Se imaginarán lo mucho que se asombró al darse cuenta de que ya no era una marioneta, sino un niño de verdad justo como los demás niños.” 

Éste es un Documento. Un documento de una etapa que llega a un fin, no de una generación sino de muchas que la precedieron. Documentar para recordar, recordar para no olvidar. Quizás así resumamos este final, con un comienzo. El de ser ya grandes, y despedirse del Último Octavazo.

Algunas imágenes fueron realizadas por Horacio Leonardi y por Julian Rata Liendo.

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